Libros criticados

Del gringo viejo o de como insertar ficción en la historia e historia en la ficción

Ésta es la edición que me tocó leer.

Bueno, en estas vacaciones sí me dí a la tarea de leer uno que otro libro, pero, a excepción de las novelitas rosas caídas en mis bellas manos, fue este libro de Carlos Fuentes (y la descarada publicidad a su homenaje) las que me incitaron a leerlo un día de invierno, caído u olvidado, qué más dá, por mi cuñado (seguid esperando a que los ingenieros electromecánicos sean sensibles a la literatura, seguid esperando…).
Comenzaré diciendo que no es mi primer encuentro con el señor Fuentes: la primera vez, fue leer a hurtadillas el libro de Aura cuando estuvo “ligeramente” vetado de las escuelas secundarias hace algunos años (la mecanógrafa de este lado de la pantalla se congratula en decir que ella lo leyó porque consiguió sonsacárselo a un prefecto, thankyouverymuch).
Y es por ello, que no es mi primer encuentro, que podría tomarme la libertad de comparar ambas obras, pero si tal hiciera, caería en craso error. Aura pertenece a un mundo diferente a Gringo Viejo. Y doy gracias por eso: la versatilidad del autor. No negaré que la forma de narración es parecida, con algunas entremezclas de tiempos, la idea de no saber en mente de quién estás y ese olor a viejo y joven en la narración. Como sea, lo mejor de este libro, es cómo logra meter una historia de ficción sobre un personaje real en un tiempo muy productivo para ser empleado en la novela (la revolución mexicana).
El preludio del libro es el hecho histórico que el escritor Ambrose Bierce dijo en 1914 que estaba listo a morir, pero que una muerte por accidente o enfermedad sería indigna de él, por lo que tomó la resolución de internarse en el conflictivo México del tiempo de la revolución para morir a manos de un pelotón mexicano.

Ser un gringo en México, ¡ah, eso sí es eutanasia!

Ésa es la famosa frase de la que se engancha Fuentes para tirar del hilo y contar la historia de un misterioso Gringo viejo que fue fusilado por un pelotón en Chihuahua. El Gringo viejo llega a la vida del general Arroyo, Harriet Winslow, el niño Pedrito, Frutos García, la Garduña y la Luna. Es éste Gringo viejo la causa de enfrentar a Arroyo con algo más grande que la Hacienda de los Miranda, el que hace confesar a Harriet el secreto de su independencia, es él el que descubre la gran verdad de todo pelotón: el más valiente es contraproducente para las tropas, los hace sentirse intimidados más que alentados. Es por este Gringo viejo que Harriet y Arrollo pueden descubrirse a sí mismos y bailar un vals sin siquiera tomarse de las manos.
El final es todo lo predecible que puede decirnos el prólogo: El gringo viejo muere. Pero es el modo en que muere lo que nos hace sentarnos un rato junto a esa voz que cuenta todo y nada, sentarnos solos y recordar.

En conclusión, un buen libro para cuando tienes tiempo de leer (porque de verdad necesitas poner atención para no perderte ni considerarlo denso), y una muy buena opción para regalar dado que el bombardeo por el homenaje a Carlos Fuentes sigue fresco y ya se viene el centenario de la Revolución Mexicana (vaya usted y pregunte por algún otro personaje aparte de Madero, Zapata, Villa y Carranza a nuestros niños y sorpréndase).

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