Mis tintas y tecleos

Ojos que ven, manos que sienten.

René nunca había tenido ningún problema en que su mejor amigo y su mejor amiga se mudasen con él. De hecho lo agradecía, pues antes de eso se encontraba con desesperantes periodos de soledad, en un grado tan intolerable que inclusive le orilló a fumar para llenar con nicotina y humo la ausencia de otros seres humanos a su alrededor.

            También a sus padres les pareció una buena idea que su hijo no se quedara solo, pues con más gente en la casa, era más improbable que se mantuviera en mejores condiciones, pues antes que nada, los padres de René confiaban en su sentido común a la hora de escoger a sus amigos.

            Pero ahora… ahora René empezaba a preguntarse si fue una buena idea el dejar de vivir solo. Antes podía hacer lo que quisiera a la hora que se le antojara, cualquier cosa, como comer, limpiar, estudiar y claro, masturbarse. René ciertamente era un solitario en lo que  implicara el amor, pero como todo hombre, sentía que tenía sus necesidades. Y vaya que llevaba tiempo sin satisfacerlas. Con Javier no hubiera habido problema: ambos eran chicos y entendían de eso, pero con Natalia… allí prefería limitarse por respeto a ella. Además, no se sentía lo suficientemente cómodo como para llevar a alguien, ya que ni Javier ni Natalia lo hacían.

            La rutina en su casa era fácil: en las mañanas él iba a sus clases, mientras Natalia acudía de media mañana a media tarde y Javier por las tardes. De ese modo, la casa se mantenía en orden y siempre había alguien.

            Pero sorpresivamente un día, René al ir a la escuela se encontró con que por motivos de huelga extraordinaria, se le suspendieron las clases. Eso le agradó. Hacía tiempo que no se podía encontrar a los tres amigos juntos en la casa. Con paso alegre inició el recorrido de regreso mientras silbaba una canción. Al llegar frente al portón, le pareció una buena idea sorprender a sus amigos entrando silencioso: seguramente Natalia ya estaría preparándose para el día y Javier dormiría a pierna suelta. Con ese pensamiento y una sonrisa, René atravesó el vestíbulo con los zapatos en la mano para no hacer ruido.

            Extrañamente no se escuchaba ningún sonido en la casa. René se intrigó, pues normalmente Natalia era muy ruidosa porque le encantaba fastidiar a Javier, que dormía mucho. Sigiloso, René subió las escaleras hacia el segundo piso. La primera recámara era la de él y se encontraba tal y como la había dejado.

            La segunda era la de Natalia y para la hora del día ya se encontraba pulcramente arreglada e inusualmente vacía. La tercera y más alejada del ajetreo de la casa era la que ocupaba Javier. Tentadoramente, la puerta se encontraba entreabierta, dejando llegar al pasillo unos débiles rayos de luz y unos sonidos suavizados.

            René se mordió el labio dubitativo. Nunca había sido partidario de invadir la intimidad de los cuartos de sus amigos a menos que le invitaran a pasar. Pero le daba qué pensar la extraña soledad en que parecía hallarse su hogar. Resuelto pero temeroso se encaminó hacia la puerta de Natalia para tocar, pero el repentino ruido de su risa proveniente del cuarto de Javier le disuadió de ello.

            Abrió sus ojos un poco más ¿Qué tendrían que estar haciendo juntos tan temprano y tan silenciosos? René pasó de largo de la puerta de Natalia para ir al encuentro del rayito de luz proveniente de la habitación de Javier. Lento, como temiendo asustar a algún animalillo, tomó el pomo de la puerta. Empujó. Y ante sus ojos se desplegó la imagen más erótica que jamás imaginó.

            Natalia estaba desnuda, sentada a horcajadas encima de Javier, cabalgándolo, mientras él la tomaba firmemente por las caderas, ambos sudorosos, ella con la cabeza echada hacia atrás, con su pelo suelto moviéndose sensualmente a sus espaldas, mecido por la fuerza de las embestidas de Javier, quien con los ojos cerrados en pleno éxtasis, no se había percatado de la intromisión de René.

            René estaba en shock. Sus dos mejores amigos, aquellos con los que había estado desde el jardín de infantes, con los que había crecido, estaban ahí, en esa cama, teniendo relaciones sexuales completamente ajenos al vouyerismo de René y su incomodidad en la entrepierna.

            Ambos trataban de hacer el menor ruido posible, pero los entrecortados jadeos de él y los ahogados gemidos de ella no podían escapar de los oídos de René. Se mordió el labio cuando se percató de cuánto lo excitaba el choque de las nalgas de su amiga contra la pelvis de Javier.

            Tembloroso, desabrochó sus pantalones en el momento preciso en que Javier hacía rodar a Natalia para ponerse sobre ella. Y entonces, el verdadero espectáculo comenzó. Como preparándose para una batalla, René tomó su creciente pene firmemente con su diestra mientras se encajaba los dientes en el labio inferior para no hacer ningún ruido que les interrumpiera. No así los amantes, quienes en el fuego del sexo, dieron más rienda suelta a sus reacciones.

            René comenzó a masturbarse lentamente cuando vio salir el pene de Javier del coño de Natalia para a continuación hundirse profundamente dentro de su húmeda cavidad. Aceleró un poco cuando vio que ella se aferraba a los postes de la cama para tener un punto de apoyo y empujarse contra la verga de Javier. Y René aceleró furiosamente el frote de su mano contra su pene cuando su mejor amigo se  follaba frenéticamente a su mejor amiga, tanto que hacía que su cabeza se hundiera contra las almohadas. 

            Se movían como la marea: Javier penetrando a Natalia, Natalia empujando hacia Javier, la ida y venida de la mano de René y el calor que caldeaba esa habitación parecía no tener fin. Con una última embestida, Javier arrancó un grito de placer de Natalia, quien por un momento pareció desfallecer. Satisfecho por ello y con una sonrisa, Javier eyaculó obteniendo así su tan ansiada recompensa, cayendo sobre ella y en el proceso, cubriéndolos a ambos con una sábana.

            René sintió que algo viscoso impactó contra su palma a la vez que sentía que la cabeza le daba vueltas. Lo había hecho. Había visto a sus dos mejores amigos coger en su casa, se había excitado y masturbado con ello. Y por Lucifer, ¡cómo lo había disfrutado!

            Con cautela, con una mano llena de semen y la izquierda asiendo sus pantalones, se dio la media vuelta, saliendo de la alcoba de Javier, dejando que ellos durmieran un poco más en el pacífico sueño del placer, mientras él se aseaba y luego salía de la casa para contemplar el bello día que se ofrecía ante él.

Las manos navegan junto con los ojos…¿has sentido la marea del amor ajeno?

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2 comentarios sobre “Ojos que ven, manos que sienten.

  1. Creo haber leído esto en tu LJ, y ya sabes lo que pienso 🙂 me encanto como relataste todo, (y eso que no me gusta el hetero, pero insisto, sé reconocer uno bien hecho).

    Y bien tremendo que nos salió René XD a poco no se juntará con el René de Y0 mosha? Se llevarian de perlas esos dos.

    Besos my beloved spouse!

  2. Sería muy gracioso si ambos Renés se juntaran, sólo que el mío sería un muggle hecho y derecho XD.

    Me dio por ponerlo acá por si dejo el LJ, además de que acá es como que “mio mio mio”.
    Besos honey 😉

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