Jun´s·Mis tintas y tecleos

Dicotómica…

Yo también sé de la muerte. O al menos eso me gusta pensar. Ya sabes, eso de sentir que de pronto puedes entender el misterio de ya no estar. Pero no me gustaría engañarte haciéndote pensar que soy una adolescente necesitada de atención o una hembra frustrada sin macho. Nada más lejano de la realidad: simplemente soy una bella suicida que adora juguetear con su muerte. ¿Acaso tú no lo haces? ¿No te llegas a preguntar qué pasa, qué se siente, qué hay después?

            En dos días he llorado más de lo que llevo del año. El llanto me es ambivalente, me gusta la fresca sensación del agua en mis mejillas y el salado sabor de mi pena; pero en realidad, son pocas las cosas que me hacen mostrar a los demás mi poesía personal de la tristeza. Me reprendieron por ello. En realidad, siempre lo han hecho. No importa mucho qué figura humana sea, siempre termina reprendiéndome mi llanto.

            Tal vez es por ello que he aprendido a soltarlo de cuando en cuando, a placer, a beneficio. Tal vez y por ello se deriva que en ocasiones se me llame hipócrita. O al menos eso fue lo que me dijo él mientras me follaba embutido en vuelos. Dentro va y me pide que llore. Yo no lo hago. Y me echa en cara llorar ante una noche y no por él. ¿Por qué habría de? Al tenerlo dentro lo único que quiero es disfrutar del silencio. ¿Por qué de llorar o gritar cuando lo que quiero es centrarme en mí y el fuego entre mis piernas?

            Javier nunca me pidió cosas tan extrañas. Simplemente sexo y ya. Pero René sí. Disfruta tergiversar lo más moralmente regulado. Y no sé por qué, pero me gusta romper cánones con él. Es como…bueno, aún no he podido encontrarle algo, pero así es. Es eso, eso que te hace decir “Sí, así, aunque esté mal”. ¿Me entiendes? Por eso ahora le frecuento más. Porque a pesar de que me pide que llore mientras me penetra, no puedo evitar volver a su lado y tratar de llorar para él.

            Javier no se lo explica. Y con justa razón. Es demasiado buen chico para entenderlo. Es de los que sólo penetran vaginas, y jamás en una posición vulgar o “de putas”. ¿Cómo decirle entonces que me gusta experimentar de todo y tratar de tocarle la próstata? Pero no le dejaré de lado, porque he de admitir que de pronto los jueguitos me cansan y sólo quiero una follada tradicional, donde él haga todo el trabajo. ¿Lindo, no?

            Bueno, más que lindo, es reconfortante. Es como saber que puedes tener todo y no tener nada; y ambos a placer.

            ¿Tendrá algo que ver con este querer estar y no estar, con esta danza de cuchillas y maquinaciones tenebrosas? Luis una vez me dijo que todos tenemos ganas de morir en el momento en que nacemos. Creo que mi periodo se ha extendido más de lo deseado. O tal vez es que nunca acaba, sino que aprendemos a evadir las ansias de desaparecer, porque, después de todo, somos animales sociales.

           

¿No sientes que a veces te desdoblas, que te despegas?

¿No te entran ganas de ser una dicotomía deliciosa?

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