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Detrás de todo gran hombre…

A decir verdad, esa frase nunca me ha caído en gracia. Prefiero “Al lado de todo gran hombre hay una gran mujer.” Porque, bueno, si seguimos la idea creacionista de que Ese creó a Adán, y de él a Eva; entonces puedo argumentar que no la creó de su cabeza, para que le obedezca; ni de su pie para que fuese su esclava; sino de su costilla para estar a su lado.

Pero en fin, esas son divagaciones mías. El libro de hoy se titula “La Suerte de la Consorte” de Sara Sefchovich.

Este libro retrata la vida de aquellas mujeres que fueron las acompañantes de los hombres en el poder en México, desde La Malinche (Malintzin o Mariana) hasta Martha Sahagún de Fox. Un retrato muy completo de cómo las mujeres vivieron el poder a través de los hombres con los que compartían cama.

Desde las virreynas dilapidadoras, que se arreglaban como piñatas en medio de la naciente Ciudad de México, pasando por las tranquilas mujeres del siglo XIX que vivían “en la dulce penumbra del hogar”, que, con la gran turbulencia política que vivió el país durante la época de la consumación, podían bien un día dormir siendo señoras comunes y corrientes y al despertar, verse convertidas en primeras damas, el retrato las abarca a todas. Se hace una amplia reseña sobre dos mujeres cuyos maridos gobernaron a la vez: Margarita Maza de Juárez y la Emperatriz Carlota Amalia de Bélgica, cuyas vidas, vistas desde un punto objetivo y sin el adorno de la estoicicidad de Juárez o la suntuosidad de Maximiliano, resultan desde cierto punto, paralelas.

Hubo primeras damas conformes con su puesto. Las hubo indiferentes. E incluso existieron las que ni en sus sueños más descabellados vieron la posibilidad de que sus maridos se ciñeran la banda presidencial.

Con el amplio retrato hecho a Carmelita Díaz, la joven esposa de Porfirio Díaz que, de casarse con él siendo un soldado inculto y maleducado, lo transformó con sus artes de esposa acomodada en un caballero que podía ir sin ningún problema a cualquier embajada y no sentirse fuera de lugar, se cierra el ciclo de las esposas y primeras damas hogareñas para dar paso a la sección de “La digna esposa del caudillo”, empezando por Sara Pérez, la devota y fiel esposa de Francisco I. Madero.

Sara y Francisco, según el libro, compartieron viscicitudes, alegrías, el fugaz poder y la estrepitosa caída. Todo lo que ella pudo conservar, además de la memoria del apóstol caído, fue su ropa ensangrentada; lo mismo que tantas mujeres antes y después que ella recibirían como ofrenda póstuma en vez de un cuerpo amortajado.

Se finaliza hablando de las mujeres que eran “la señora del licenciado”: esas mujeres que comenzaron a ejercer finalmente su función de “Primeras Damas” atendiendo a eventos de beneficencia, haciéndose cargo de instituciones o fundando clubes.

Con una amplia muestra de fotografías que ilustran el modo de vida de estas mujeres, que dan un rostro a aquellas que permanecieron a la sombra de los hombres al mando de México, Sara Sefchovich revive a las esposas olvidadas y nos demuestra que, definitivamente, la suerte de la consorte no suele ser un lecho de rosas.

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