Llovía. Ése día llovía mucho. Curioso porque apenas una semana antes había caído una racha de calor. Maldito calentamiento global. Por lo general no suele haber nada especial cuando llueve en una ciudad: todo se vuelve lodo, charcos de agua estancada y neblina. Tráfico lento y autos colisionando. Incluso humores colapsando.

Por regla, me gusta la lluvia. Soy una persona acuática y la sensación de frescor que dejan las precipitaciones me hace sentir viva. Pero no me gusta compartir mi lluvia con paseantes de ocasión. No soporto gente bajo mi paraguas, oyendo el crepitar del agua, y que no les entren ganas de danzar. Tampoco tolero a la gente pisando charcos como quien pisa el pavimento; les es imposible detenerse a ver su reflejo del cielo al suelo. Y menos me gusta oír caer la lluvia y que su música sea interrumpida por el vulgar parloteo humano.

Pero debo resignarme cuando llueve entre semana. Imagina simplemente lo ridículo que sería responder cuando rpeguntan el por qué de mi ausencia con un “es que los humanos también existen cuando llueve, me entiendes, ¿no?”. Sé que en el vasto mundo existirá alguien que lo entienda, pero mientras no le conosca, debo continuar jugando al ser social, sonreír y decir “gracias por preocuparte” cuando estos extraños comunes se sienten con el derecho a preguntar por mi vida.

Divago. Divago mucho cuando algo ya no me satisface. Divago en clases, divago en las cenas. Divago en las pláticas e incluso divago conmigo misma. A la gente no suele gustarle. Tonta tendencia suya a sentirse el centro de mi mundo. Pero no he de negar que de ello tengo en parte yo la culpa: Soy incapaz de poner un alto hasta el momento en que desbordo. Hasta el momento en que como río contaminado, inundo con mis toxinas las riveras del mundo.

Las gotas de lluvia siguen cayendo. ¿He interrumpido con mi vulgar tecleo esa música en tus oídos?

Recuerdan que se llegó a decir que hinata_sama y sol_víbora_venenosa eran la misma persona? Pues verán, se argumentó que eran hermanas y que por eso compartían IP, pero nunca contaron con mi escurridiza persona. Ahora hinata es Hyatt princess y sol es Himiko. Son hermanas (no rcecuerdo si fue Runa o alguien más quien nos lo dijo), pero yo ya no creo eso. Y he aquí mis pruebas.

(más…)

Mientras me mordía los labios, cada fonema era un balazo.

No quisiera, te juro que no quisiera lastimarte así, pero así son las cosas, ¿qué puedo hacer?

Mientras me mordía los labios, el corazón se me paraba.

Estaremos mejor así, ¿no lo crees?

Mientras me mordía los labios, mi mirada le esquivaba.

Sólo es por un tiempo, después todo volverá a ser como antes, ¿serás paciente, verdad?

Mientras me mordía los labios, su mano me helaba.

Te quiero, te juro que te quiero, pero ahora no puedo.

Mientras me mordía los labios, asentía a lo que no quería.

Sabía que lo entenderías. Por eso te quiero tanto.

Mientras me mordía los labios, su silueta se perdía…y yo también.

Y mientras, aún me muerdo los labios…

René nunca había tenido ningún problema en que su mejor amigo y su mejor amiga se mudasen con él. De hecho lo agradecía, pues antes de eso se encontraba con desesperantes periodos de soledad, en un grado tan intolerable que inclusive le orilló a fumar para llenar con nicotina y humo la ausencia de otros seres humanos a su alrededor.

            También a sus padres les pareció una buena idea que su hijo no se quedara solo, pues con más gente en la casa, era más improbable que se mantuviera en mejores condiciones, pues antes que nada, los padres de René confiaban en su sentido común a la hora de escoger a sus amigos.

            Pero ahora… ahora René empezaba a preguntarse si fue una buena idea el dejar de vivir solo. Antes podía hacer lo que quisiera a la hora que se le antojara, cualquier cosa, como comer, limpiar, estudiar y claro, masturbarse. René ciertamente era un solitario en lo que  implicara el amor, pero como todo hombre, sentía que tenía sus necesidades. Y vaya que llevaba tiempo sin satisfacerlas. Con Javier no hubiera habido problema: ambos eran chicos y entendían de eso, pero con Natalia… allí prefería limitarse por respeto a ella. Además, no se sentía lo suficientemente cómodo como para llevar a alguien, ya que ni Javier ni Natalia lo hacían.

            La rutina en su casa era fácil: en las mañanas él iba a sus clases, mientras Natalia acudía de media mañana a media tarde y Javier por las tardes. De ese modo, la casa se mantenía en orden y siempre había alguien.

            Pero sorpresivamente un día, René al ir a la escuela se encontró con que por motivos de huelga extraordinaria, se le suspendieron las clases. Eso le agradó. Hacía tiempo que no se podía encontrar a los tres amigos juntos en la casa. Con paso alegre inició el recorrido de regreso mientras silbaba una canción. Al llegar frente al portón, le pareció una buena idea sorprender a sus amigos entrando silencioso: seguramente Natalia ya estaría preparándose para el día y Javier dormiría a pierna suelta. Con ese pensamiento y una sonrisa, René atravesó el vestíbulo con los zapatos en la mano para no hacer ruido.

            Extrañamente no se escuchaba ningún sonido en la casa. René se intrigó, pues normalmente Natalia era muy ruidosa porque le encantaba fastidiar a Javier, que dormía mucho. Sigiloso, René subió las escaleras hacia el segundo piso. La primera recámara era la de él y se encontraba tal y como la había dejado.

            La segunda era la de Natalia y para la hora del día ya se encontraba pulcramente arreglada e inusualmente vacía. La tercera y más alejada del ajetreo de la casa era la que ocupaba Javier. Tentadoramente, la puerta se encontraba entreabierta, dejando llegar al pasillo unos débiles rayos de luz y unos sonidos suavizados.

            René se mordió el labio dubitativo. Nunca había sido partidario de invadir la intimidad de los cuartos de sus amigos a menos que le invitaran a pasar. Pero le daba qué pensar la extraña soledad en que parecía hallarse su hogar. Resuelto pero temeroso se encaminó hacia la puerta de Natalia para tocar, pero el repentino ruido de su risa proveniente del cuarto de Javier le disuadió de ello.

            Abrió sus ojos un poco más ¿Qué tendrían que estar haciendo juntos tan temprano y tan silenciosos? René pasó de largo de la puerta de Natalia para ir al encuentro del rayito de luz proveniente de la habitación de Javier. Lento, como temiendo asustar a algún animalillo, tomó el pomo de la puerta. Empujó. Y ante sus ojos se desplegó la imagen más erótica que jamás imaginó.

            Natalia estaba desnuda, sentada a horcajadas encima de Javier, cabalgándolo, mientras él la tomaba firmemente por las caderas, ambos sudorosos, ella con la cabeza echada hacia atrás, con su pelo suelto moviéndose sensualmente a sus espaldas, mecido por la fuerza de las embestidas de Javier, quien con los ojos cerrados en pleno éxtasis, no se había percatado de la intromisión de René.

            René estaba en shock. Sus dos mejores amigos, aquellos con los que había estado desde el jardín de infantes, con los que había crecido, estaban ahí, en esa cama, teniendo relaciones sexuales completamente ajenos al vouyerismo de René y su incomodidad en la entrepierna.

            Ambos trataban de hacer el menor ruido posible, pero los entrecortados jadeos de él y los ahogados gemidos de ella no podían escapar de los oídos de René. Se mordió el labio cuando se percató de cuánto lo excitaba el choque de las nalgas de su amiga contra la pelvis de Javier.

            Tembloroso, desabrochó sus pantalones en el momento preciso en que Javier hacía rodar a Natalia para ponerse sobre ella. Y entonces, el verdadero espectáculo comenzó. Como preparándose para una batalla, René tomó su creciente pene firmemente con su diestra mientras se encajaba los dientes en el labio inferior para no hacer ningún ruido que les interrumpiera. No así los amantes, quienes en el fuego del sexo, dieron más rienda suelta a sus reacciones.

            René comenzó a masturbarse lentamente cuando vio salir el pene de Javier del coño de Natalia para a continuación hundirse profundamente dentro de su húmeda cavidad. Aceleró un poco cuando vio que ella se aferraba a los postes de la cama para tener un punto de apoyo y empujarse contra la verga de Javier. Y René aceleró furiosamente el frote de su mano contra su pene cuando su mejor amigo se  follaba frenéticamente a su mejor amiga, tanto que hacía que su cabeza se hundiera contra las almohadas. 

            Se movían como la marea: Javier penetrando a Natalia, Natalia empujando hacia Javier, la ida y venida de la mano de René y el calor que caldeaba esa habitación parecía no tener fin. Con una última embestida, Javier arrancó un grito de placer de Natalia, quien por un momento pareció desfallecer. Satisfecho por ello y con una sonrisa, Javier eyaculó obteniendo así su tan ansiada recompensa, cayendo sobre ella y en el proceso, cubriéndolos a ambos con una sábana.

            René sintió que algo viscoso impactó contra su palma a la vez que sentía que la cabeza le daba vueltas. Lo había hecho. Había visto a sus dos mejores amigos coger en su casa, se había excitado y masturbado con ello. Y por Lucifer, ¡cómo lo había disfrutado!

            Con cautela, con una mano llena de semen y la izquierda asiendo sus pantalones, se dio la media vuelta, saliendo de la alcoba de Javier, dejando que ellos durmieran un poco más en el pacífico sueño del placer, mientras él se aseaba y luego salía de la casa para contemplar el bello día que se ofrecía ante él.

Las manos navegan junto con los ojos…¿has sentido la marea del amor ajeno?

Yo también sé de la muerte. O al menos eso me gusta pensar. Ya sabes, eso de sentir que de pronto puedes entender el misterio de ya no estar. Pero no me gustaría engañarte haciéndote pensar que soy una adolescente necesitada de atención o una hembra frustrada sin macho. Nada más lejano de la realidad: simplemente soy una bella suicida que adora juguetear con su muerte. ¿Acaso tú no lo haces? ¿No te llegas a preguntar qué pasa, qué se siente, qué hay después?

            En dos días he llorado más de lo que llevo del año. El llanto me es ambivalente, me gusta la fresca sensación del agua en mis mejillas y el salado sabor de mi pena; pero en realidad, son pocas las cosas que me hacen mostrar a los demás mi poesía personal de la tristeza. Me reprendieron por ello. En realidad, siempre lo han hecho. No importa mucho qué figura humana sea, siempre termina reprendiéndome mi llanto.

            Tal vez es por ello que he aprendido a soltarlo de cuando en cuando, a placer, a beneficio. Tal vez y por ello se deriva que en ocasiones se me llame hipócrita. O al menos eso fue lo que me dijo él mientras me follaba embutido en vuelos. Dentro va y me pide que llore. Yo no lo hago. Y me echa en cara llorar ante una noche y no por él. ¿Por qué habría de? Al tenerlo dentro lo único que quiero es disfrutar del silencio. ¿Por qué de llorar o gritar cuando lo que quiero es centrarme en mí y el fuego entre mis piernas?

            Javier nunca me pidió cosas tan extrañas. Simplemente sexo y ya. Pero René sí. Disfruta tergiversar lo más moralmente regulado. Y no sé por qué, pero me gusta romper cánones con él. Es como…bueno, aún no he podido encontrarle algo, pero así es. Es eso, eso que te hace decir “Sí, así, aunque esté mal”. ¿Me entiendes? Por eso ahora le frecuento más. Porque a pesar de que me pide que llore mientras me penetra, no puedo evitar volver a su lado y tratar de llorar para él.

            Javier no se lo explica. Y con justa razón. Es demasiado buen chico para entenderlo. Es de los que sólo penetran vaginas, y jamás en una posición vulgar o “de putas”. ¿Cómo decirle entonces que me gusta experimentar de todo y tratar de tocarle la próstata? Pero no le dejaré de lado, porque he de admitir que de pronto los jueguitos me cansan y sólo quiero una follada tradicional, donde él haga todo el trabajo. ¿Lindo, no?

            Bueno, más que lindo, es reconfortante. Es como saber que puedes tener todo y no tener nada; y ambos a placer.

            ¿Tendrá algo que ver con este querer estar y no estar, con esta danza de cuchillas y maquinaciones tenebrosas? Luis una vez me dijo que todos tenemos ganas de morir en el momento en que nacemos. Creo que mi periodo se ha extendido más de lo deseado. O tal vez es que nunca acaba, sino que aprendemos a evadir las ansias de desaparecer, porque, después de todo, somos animales sociales.

           

¿No sientes que a veces te desdoblas, que te despegas?

¿No te entran ganas de ser una dicotomía deliciosa?

Definitivamente, el golpe en la cabeza le provocó el aturdimiento. Sus ojos, pesados, no tenían la más mínima intención de abrirse. Simplemente el dolor sordo era todo lo que se permitía sentir en ese momento. Poco a poco fue cediendo, y nuevas sensaciones y percepciones comenzaron a inundar su mente.

No recordaba el pasto que ahora hacía cosquillas en las palmas de sus manos. Tampoco el aire que estaba comenzando a enfriarle cada vez más la nariz. Simplemente, él no sentía que debía estar ahí. Poco a poco los dedos se le fueron desentumeciendo, los movió uno a uno hasta comenzarlos a sentir que volvían a la vida.

Inhaló profundamente, llenándose los pulmones con lo que parecía que era el aire enviciado de una tarde de primavera, cuando los días son incipientemente calurosos y las noches suficientemente frescas como para no pasarlas a la intemperie.

Luego de sentir el mundo a su alrededor se apoyó en sus manos para incorporarse, no sin cierta protesta de sus músculos adoloridos. Girando su cuello, hizo tronar las vértebras y por el rabillo del ojo vio el sitio donde se encontraba. Era a media cuesta de una colina solitaria en el yermo prado, y de el horizonte que ella recortaba, la punta de un frondoso manzano se asomaba.

Él sentía que había algo en el árbol que lo llamaba a ir a su encuentro, así que ignorando los diversos sonidos que su cuerpo acalambrado le dirigían, subió lo que restaba de colina hasta el manzano. Definitivamente, el árbol era bello y estaba rebosante de frutos. Y la boca se le hizo de agua solamente de pensar en la sensación de sus incisivos clavándose en la cáscara.

Acercó su diestra a la manzana más cercana, pero ésta comenzó a alejarse en dirección contraria a donde él se encontraba, mientras las otras se retraían a la copa del manzano. Intrigado, siguió a la manzana del otro lado del árbol. Y sus pasos fueron frenados luego de que casi tropieza con un bultito sentado en la base del árbol.

Se inclinó para quedar a la altura y sus ojos descubrieron que tras la enorme mata de pelo castaño rizado que se veía desde arriba, se escondía el rostro pequeño de una niña, con sus ojos clavados en el cuaderno que sostenía con su izquierda y apoyaba en sus muslos, mientras su diminuta mano derecha maniobraba con una estilográfica enorme que corría veloz por las hojas en blanco, dejando hormigas de tinta allá donde pasaba la punta.

-Hola.-le preguntó a la niña. Ella alzó su rostro, y con los ojos cerrados buscó la fuente de tal sonido. Al abrirlos, vio que estaban velados por una cortina de niebla. Era ciega.

-Tú no deberías estar aquí-le reprochó la niña-. Se supone que debes permanecer más tiempo en el suelo.

-¿De qué hablas?-preguntó intrigado.

-Vamos Darío, sé buen chico y vuelve a tumbarte al pasto.-replicó como si estuviese cansada de decirle lo mismo una y otra vez.

-Espera… ¿cómo sabes mi nombre? ¿quién eres?

-Darío, es la última vez que te lo digo. Si no lo haces, juro que te voy a borrar.

-¿Borrarme? ¿de dónde?-comenzó a zarandearla para ver si obtenía más respuestas, pero en vez de eso la niña lo apartó de un manotazo y recogió la estilográfica que el chico le había hecho lanzar lejos.

-“Y entonces, a causa del golpe, Darío no se levantó nunca más…”-escribió-. Personajes, nunca se van a acostumbrar a ser dirigidos-dijo con desdén luego de que el chico calló fulminado a sus pies.

¿Hasta qué punto tenemos control?

Escucho a los Beatles y sé que debería estar pensando en otra cosa. Pero no me preocupa. Tal vez es la apatía de la época y la edad. Felipe fuma marihuana y ríe al son de Strawberry fields. René simplemente le deja ser. Natalia lo reprueba con esa mirada de “estás echando a perder tu vida con esa mierda“. Y yo sólo puedo ver las volutas de humo danzando con el riff. La música se tiñe de colores a la vez que el humo me embriaga. Me gusta la visión, mas no la sensación, así que apuro el mate para tener otro olor en la boca.

Cambia a Yesterday y Felipe llora en el hombro de René. Le dice cuánto lo ama mientras los oscuros ojos de René se fijan en mí. Asiento y doy otro sorbo a la matera. Después de todo, yo llegué después, ¿cómo podría entonces reprobar su relación? Sé que no han estado juntos desde que yo entré a la vida de René, pero aún así me enternece verlos quererse.

Natalia se me acerca, va diciendo no sé qué excusas entre balbuceos, que tiene que irse, que Luis le espera. Le doy un beso en la boca; sabe a yerbabuena y huele a algodón de azúcar; siempre huele dulce, a pesar de estar encerrada con este trío de desobligados.

Felipe se ha dormido por fin. René lo suelta, le arropa y viene a mí. Se sienta a mi lado y apoya con cuidado la cabeza sobre mi hombro. La nueva perforación que me hice aún no sana. Distraído, me pregunta qué sentí. Yo le digo que es como perder la virginidad del culo. Él ríe y me pregunta por qué. Le contesto que es algo que entra donde según no debe, que duele, pero que deseas tener.  Y aún así, después de todo, el dolor sordo es lo único que queda.

Toma mi rostro entre sus manos y me hace verle a los ojos. Juro que te haré chillar de dolor , me asegura. Sé que lo hará. Siempre fue demasiado grande para mí. Por eso no me gusta estar abajo, acaba sofocándome.

Dolor, dolor, dolor.

Placentero dolor…

God bless the Black´s.

No lo quiero dejar y no lo voy a dejar.

Sus palabras resonaron como un disparo en mis oídos. No quería nada tan extremo. No quería nada tan drástico. Pero así fue, se negó a dejarle. Se negó a negarse. ¿Era ésa su esencia? ¿Era ése su modo de ser?

Deberías probarlo.

No sé. No sé. ¿Debería saber?

Es sólo una calada.

¿Cuantas veces se dijo sólo eso? No las suficientes para ser “sólo” una calada más. Sólo una inhalada más.  Sólo un enganche más. Sólo uno más.

¿Tienes más?

Pregunta obligada. Unión no deseada. Pasión necesitada.

¿Ya no hay?

Busca, busca, busca. Debe haber más. La última jamás será la última.

¡Le necesito!

¿De verdad?

Daría lo que fuera por tenerle una vez más…

¿Qué tanto puedo cumplir la promesa? ¡Yo le quiero ya!

Yo soy eso y eso soy yo.

Ahora sé qué me definió. Pero ya no importa. ¿Alguna vez algo importó?

Le olvidaré mañana.

No, no será así. Ya está enredada como hiedra en la piel.

No le puedo dejar…

Y así es, jamás se podrá…

¿Y cuál es tu vicio idílico?

La noche hervía en estrellas de fuego. El comandante asió más fuertemente el arma contra el pecho y el sonido metálico que surgió le trajo de vuelta a sí mismo. Con una mano sucia y llena de costras, sacó de la bolsa del pecho la gastada cajita metálica con la cara de Lenin. Hacía tiempo que el esmalte rojo vivo se le estaba descascarando, dejando entrever pedazos de opaco latón. Las letras, “Commie mints” apenas se disntinguían en la noche. Suspiró. Parecía tan lejano el día en que su amada se la regaló por su cumpleaños. Tan lejano como aquél mundo que se le caía a balazos en medio de la selva Lacandona. Tan lejano, que ésa caja era lo único que le recordaba aquellos tiempos.

Dudó en abrirla; sin duda se moría de ganas de ver una vez más (tal vez por última ocasión) el contenido de su cajita con Lenin. Pero decidió no hacerlo. Tal vez por la súbita llama de esperanza que le decía que sobreviviría a la noche. Tal vez porque por simple lógica, era más probable que el contenido se le cayera al abismo del suelo húmedo y verde. Muchos “tal vez” cruzaron por su cabeza para simplemente justificar el poner a salvo a la cajita. Poner a salvo a su memoria. Salvar a su amor.

Para el comandante, esa noche, sólo existieron tres verdades: la cajita a su pecho, con los recuerdos cerca del corazón; las manos, firmes en el rifle, porque la vía pacífica se les había agotado; y la noche, inmensa, oscura, pero brillante del fuego de la libertad.

 

Os presento a uno de mis peques. LOL. Lo que una cajita de mentas puede inspirar.

Hola, hola, mon amis. El día de hoy me encuentro transmitiendo desde mi universidad. La profesora de Procesos de Socialización no vino a clases y me siento con ganas de teclear un rato por acá. Es mi sitio, no? (aprovecho para pedir disculpas por signos bilaterales, esta máquina me odia y no acepta una reconfiguración).

Bueno, empezando con que hoy, viernes, es el último día de la primer semana oficial de clases en Psicología. Hola, os odio compañeritos. Bueno, no os odio. Sólo os detesto un poco más ^^ . Pero no os preocupéis. En unos días la intensidad de mis sentimientos hacia ustedes dejará de ser tan primordial ;)

Localización actual de Jun: Laboratorio de cómputo de psicología. Frente a una PC. Esta pc odia el teclado en español y a livejournal. Quiero mi hump_day_smut YA!

Otra cosa. Extraño a las viboritas y a las plapiciudadanas. Y noticias horribles. Al parecer Matty II sí se murió. Lloraré y me deprimiré si no consigo salvar el disco C T_T

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