Ruth vio por enésima vez la ventana. La noche, templada, amenazaba con humedad. Y la humedad atraería a los mosquitos. A Ruth no le gustaban los mosquitos. Eran feos, agresivos y malignos. O al menos eso era lo que le había contado la abuela.
Cierto, los mosquitos le recordaban a ella. Le recordaban sus manos de largos dedos huesudos y uñas amarillentas. Sus ralos cabellos canos que le picaban la piel cada vez que se le acercaba. La absorbía, la molestaba.
Ruth, Ruth, amor, la abuela necesita de ti.
Agujas, un horrible hombre de blanco proporcionándole gratuitamente dolor y la sensación de no saber porque de entre todos sus primos ella tenía que hacerlo.
Relájate, es sólo un piquito.
Sólo un piquito…
Pero un piquete no era sólo un piquete. Nunca era uno. Y nunca era suave.
Duele…
Se irá en un momento.
No era verdad. Mamá siempre decía que se iría pronto. Pero esa aguja de mosquito nunca dejaba de doler en menos de un día. Ruth estaba dándose al mosquito, y el mosquito la conectaba con la abuela. Con esa abuela de manos de mosquito.
Junio 25, 2009
Mosquitoe
Posted by Juneau under Jun´s, Mis tintas y tecleos | Etiquetas: cuentos, Mis tintas y tecleos, yo escribo |[6] Comments
Junio 26, 2009 at 10:26 pm
Que terrorífico…
Junio 29, 2009 at 4:30 am
Algo. No me gustan las noches húmedas, porque hay mosquitos…
Junio 28, 2009 at 2:12 pm
Aterradoras asociaciones!
Junio 29, 2009 at 4:31 am
¿Lo crees? Hmm…mis abuelas no eran *tan* mala gente. Eran dulces (al menos conmigo).
Pero supongo que parte del arte es crear esa reacción inconsciente, so, hey, i did it.
Julio 4, 2009 at 8:16 pm
Me encantó! No sé porqué me dejó una sensación de nostalgia…
Julio 15, 2009 at 3:09 am
Parece ser que puedo despertar mucho ese sentimiento.
Tal vez porque es un poco de lo que siento.
BTW, un gusto verte por acá